jueves, 2 de julio de 2009


Declaración

Profesor y ayudante:
tenemos la siguiente situación...no cumplimos con algunos de los requisitos establecidos ( en la página) somos solamente cuatro integrantes debido a que el quinto desecho el CFG. El otro incumplimiento es que como formamos grupos tarde (luego que la gran mayoria estaba en uno) somos tres las personas de la misma carrera. Por lo tanto queda del siguiente modo:

Celeste Muñoz Lira
(campus JGM, facultad icei, carrera cine y tv)

Maria Francisca Escobar Nachar
(campus JGM, facultad icei, carrera cine y tv)

Constanza Contreras Quiroz
(campus JGM, facultad icei, carrera cine y tv)

Natalia Navarrete Jaure
(facultad de ciencias físicas y matemáticas, carrera: geología)


Esperando su compresión por los sucesos ocurridos

Nos despedimos cordialmente.

martes, 19 de mayo de 2009

Dios, el sentido?

La pregunta por “el sentido” siempre ha sido un cuestionamiento propio del ser humano que se ha tratado de contestar a lo largo de la historia y se ha llegado a distintas respuestas. Ahora nos referiremos específicamente a la acepción existencial de esta pregunta ¿Por qué estamos aquí? ¿Por qué y para qué vivimos? Necesitamos contestarnos esto para poder estar tranquilos, sentir que nuestras vidas tienen sentido y que las cosas que realizamos tienen algún sentido más allá del hacerlas, para así poder levantarnos en las mañanas y continuar con nuestro diario vivir.

¿Pero en qué podemos poner nuestros ojos buscando una respuesta? Usualmente no en el mismo ser humano. Quizás sea nuestra naturaleza mortal e imperfecta la que nos hace buscar soluciones en entidades y conceptos superiores a nosotros, universales, así podemos sentirnos cobijados y amparados ante estas llamadas “fuentes dispensadoras de sentido”. Algunas de estas fuentes pueden ser el amor, el saber, la religión, la ciencia, el arte, la política, etc. Podemos dividir estas fuentes en fuentes referenciales dentro de las que encontramos el amor, la lucha, el dominio, el trabajo, el juego, el saber, la creatividad y la muerte; y en fuentes pragmáticas, que incluyen el arte, la técnica, la ciencia, la economía, el derecho, la política, la moral, la filosofía y la religión, estas últimas están condicionadas por el contexto en el que se está viviendo, lo que las diferencia de las fuentes referenciales de sentido.

El ser humano está lleno de preguntas, eso lo podemos vislumbrar desde el inicio de las civilizaciones, y en la forma en que se responden a estas es cómo se conforman sus creencias y mitos, y a partir de ellas se desarrollan las culturas. Son estas mismas preguntas las que han marcado fuertemente todas las épocas y han sido características fundamentales de diferenciación entre ellas. La Antigüedad, se caracteriza por el politeísmo de las culturas griega, romana, egipcia, entre otras. La Edad Media se identifica por su monoteísmo y teocentrismo. La edad Moderna por el cuestionamiento del teocentrismo anterior, anteponiendo al hombre, dando paso al antropocentrismo.

En este constante cuestionamiento el ser humano busca encontrar una forma o un algo que responda al menos a una de sus preguntas, pero principalmente a una de las más grandes anteriormente mencionadas, sobre el sentido de la vida, esperando encontrar ese algo que le dé un fin. Porque tendemos a eso, a buscar un fin para todo, un por qué o un para qué. Pensamos que todo puede ser respondido lógicamente, que todo debe estar al alcance de nuestra mente, y es justamente ahí cuando la religión utiliza como herramienta a Dios, un ser supremo que puede dictar leyes o sentidos, que a su vez es escuchado y acatado por quienes se encuentran en un nivel inferior a él, y que además brinda amor, por ende se le respeta y se escuchan sus mandamientos. Así la religión queda como fuente dispensadora de sentido.

Wilhelm Weischedel, plantea que al preguntarse el hombre por el sentido, va formando cadenas de sentido, las cuales son preguntas tras preguntas que parten desde lo más particular hasta lo más universal, respondiéndose las unas a las otras hasta llegar a las más grandes, a las cuales es difícil dar una respuesta, pudiendo peligrar y caer todo en un sin sentido. Aquí es donde nosotros planteamos que es el momento en que se recurre a la fe en dios para dar coherencia y respuesta a lo que ha caído en duda.

El hombre desde sus inicios ha creado entes divinos que le ayuden a entender los fenómenos naturales, el funcionamiento del mundo y en general a las cosas inexplicables a su vista. Con el desarrollo de las civilizaciones los hombres fueron creando cada vez religiones más sofisticadas, cada una con sus propios principios morales y leyes que seguir. Así se fue instaurando un Dios, manantial de sentido capaz de dotar de este a toda su creación. Frente a un Dios así no habría lugar para preguntarse acerca del sentido. Esto queda plasmado en la respuesta que da Leibniz a la pregunta “¿Por qué el ser que no más bien la nada?”, Leibniz dice “Porque Dios es”.

Durante largos siglos el cristianismo ha entregado las respuestas necesarias para la tranquilidad de los seres humanos (este es sólo una ejemplificación más específica, ya que, como bien sabemos, existen diversas religiones que entregan este tipo de respuestas pero de formas diferentes y que muchas veces concuerdan). Estas respuestas se ven sustentadas en la Biblia, donde incluso está inscrita la historia de la creación del universo y del hombre. En ella también se encuentran los valores cristianos que rigen las religiones, pero lo realmente importante y sobresaliente de este libro, es que se le considera la palabra misma de Dios, un escrito realizado por el hombre, pero inspirado directamente por Dios. Además sostiene respuestas que nacen a partir de preguntas generadas por el miedo, como es la incertidumbre de lo que viene después de esta vida, llevando al ser humano a aferrarse a algo que esté más allá de su entendimiento o de su “realidad”. Sentir que respira y vive su existencia como un tránsito a algo mayor. La necesidad de sentir que la vida vale la pena más allá de algo únicamente terrenal, la esperanza de que exista algo más elevado que el diario vivir. El sentirse amparados cuando se pierde a un ser querido, esperanzas que se necesitan para poder creer que no se ha perdido completamente y que hay un lugar mejor donde habrá un reencuentro. Algo que justifique el actuar “bien” en vida y que muchas veces va en contra de lo que se quiere hacer en realidad, en una especie de recompensa por lo sufrido y sacrificado. En fin, la esperanza de que algo mejor vendrá o continuará.

Pero también está alojado en el ser humano esa necesidad casi imperiosa, movida igualmente por el miedo, de creer en aquel Dios que nos salvará de todas aquellas cosas terribles que ocurren en nuestras vidas, de salvarnos de la maldad, lo oscuro y las tristezas y vacíos que estas provocan. Es la figura del pecado, como la han catalogado las distintas religiones, la que básicamente genera en los seres humanos el alejamiento de la figura de divinidad, porque para asegurar una vida tranquila y feliz junto al lado de Dios, debemos tener un comportamiento intachable, ser limpios de cuerpo, alma y espíritu para poder optar a todas esas bondades que sólo Dios nos puede entregar. Como lo plantea la iglesia, sobretodo la cristiana, Dios a través de su Hijo Jesús vino a vencer los pecados del hombre pero también a vencer todas las obras del diablo. Este punto es importante porque es aquí donde se revela la otra necesidad que genera sentido a la vida de las personas, el hecho de creer que todas las cosas “malas” que ocurren en sus vidas es producto de un algo o alguien, en este caso la figura del diablo, primer gran pecador y traicionero de la figura de Dios. Recordemos que según los relatos bíblicos este fue quien, en forma de serpiente, persuadió a Eva para que probara el fruto prohibido por Dios. En definitiva es este factor de maldad el que hace que la gente peque, interviniendo en ellos para que cometan actos de maldad en contra de los mandamientos de Dios. Por tanto, la figura del diablo también se presenta como una especie de pretexto en la que el hombre hace recaer todos sus males, como si estos fueran externos a ellos, como una fuerza superior que los obliga y condiciona a pecar. Por tanto en esta lógica, si hay una fuerza mas allá de ellos que los obliga a pecar, también tiene que haber una que los ayude a salir de ese pecado.

Como lo menciona la Biblia, la carne es la estructura en donde supuestamente se manifiesta la maldad puesta en nuestro espíritu por el diablo, para torcer el camino hacia Dios, contaminando así los corazones, el racionamiento, el concepto de quiénes somos, la forma de desenvolvernos, en dónde se va poniendo la confianza, lo que va alejando a la persona de la verdad de Dios. “Es fácil reconocer lo que proviene de la carne: libertad sexual, impurezas y desvergüenzas, culto de los ídolos y magia, odios, ira y violencia, celos, furores, divisiones, sectarismo y envidias, borracheras, orgías, y cosas semejantes; les he dicho, y se lo repito: los que hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios”. – Gálatas 5: 19 – 21.

Y todo esto basado en la premisa de que no es la voluntad del hombre la que destruye las obras de la carne, la maldad, sino el espíritu de Dios, por tanto, único salvador. “No se engañen, nadie se burla de Dios: al final cada uno cosechará lo que ha sembrado. El que siembra en la carne, y en la propia, cosechará de la carne corrupción y muerte. El que siembra en el espíritu, cosechará del espíritu la vida eterna”. Gálatas 6: 7 – 8.

Son precisamente en estos elementos en donde se fundan las principales críticas a los movimientos religiosos, ya que el ser humano para optar a un bienestar en su vida, tiene que dejar de lado muchas otras acciones que puede realizar, coartando así la libertad de acción y decisión que puede llegar a ejercer.

En el momento histórico que vivimos, siglo XXI, en una era posmoderna, el concepto de Dios ha tenido sus cambios con respecto a las concepciones en otras épocas, mencionadas anteriormente. Con lo cual los cambios y evolución sociales han generado una transformación en las formas de seguir creyendo en alguien o en algo que puede dar sentido a sus vidas.

Se ha producido desde hace décadas, progresivamente, una desconfianza para con la iglesia como institución, no hacia dios como dotador de sentido a las vidas, sino que hacia las instituciones que predican la religión. Con lo que se han empezado a crear nuevas figuras o nuevas maneras de ver las mismas figuras, adaptándolas a nuestro tiempo y acercándolas a nosotros, sacándolas de su institución eclesiástica. Es tanta la represión, la culpa que se impone de parte de esta y las paradojas y contradicciones en que ha caído en los últimos tiempos que se ha visto manchada por diversos factores como la corrupción y la mentira, perdiendo gran parte de la credibilidad que poseía hace un tiempo atrás.

Hoy en día, la humanidad vive una especie de crisis de sus creencias al no encajar la antigua imagen inquisidora. En estos tiempos postmodernos, el hombre sufre un desapego de su antigua fuente de sentido. Las cadenas que menciona Wilhelm, a veces caen en contradicción, generando confusión y desarmonía en la persona que vive aquellas contradicciones, lo que la lleva a un desequilibrio por el cual se pregunta cuál es el verdadero sentido de las cosas, si está bien encaminado y si es él mismo como persona quién está mal o si está mal porque su alrededor está mal, no sólo su ser en el mundo, sino que el mundo mismo es el desequilibrado y no está funcionando de manera armónica. Por lo que comienza a caer en un sin sentido y a recurrir a fórmulas de creación de sentido, y una de ellas es la religión, pero vista de manera distinta a cómo se veía en otras épocas.

Por ejemplo, si hay alguien sumido en la prostitución y después de muchos años, por equis motivo, se empieza a preguntar por qué está metido en aquel trabajo, su vida comienza a desmoronarse, preguntándose por si está arriesgando su vida, si tiene algún fin lo que hace, si es que está bien, si él fue el culpable u otro de que llegara a eso, si es víctima o no de una sociedad; y así se van generando las cadenas de sentido, a las que finalmente la mujer o el hombre, al no tener más respuestas, puede recurrir a refugiarse en la fe para dar sentido a lo que hace y creer que en algún momento Dios le dará el sentido a sus vidas, o radicalmente salir de aquel mundo y comenzar una nueva vida en base a esta fe. Wilhelm plantea que en verdad, en el fin de todas las cadenas de sentido que componen nuestras reflexiones, no está claro si hay una instancia absoluta y universal que le dé sentido a todas, sólo existe un “Vonhower”, un “desde dónde” , en el cual todo puede llegar a tener sentido como también perderlo del todo . - Holzapfel, Cristóbal. La teoría del sentido de Wilhelm Weischedel. Documento de apoyo Postgrado en Filosofía, Universidad de Chile. P. 9.




Es por esto que hoy en día se busca humanizar más la imagen de Dios, para hacerla más cercana y accesible, lo que es una necesidad de los tiempos que vivimos el acercar a la realidad mundana las divinidades y así no perderla. Una imagen o concepción mas limpia, más pura, menos estricta, más cómoda de creer, algo que no tenga condiciones para creer en ella, una concepción mucho más libre respecto a la forma de pensar de cada uno. El cambio interno del ser humano se ve reflejado en la búsqueda de un Dios más piadoso y alejado de la institución, más humano. Para que el ser humano pueda seguir siendo sustentado por esta fuente principal de sentido.

Esta quizás haya sido una salida fácil, una respuesta cómoda ante los cuestionamientos acerca del sentido, los hombres sumidos en sus religiones se avocan a seguir las reglas para satisfacer a sus dioses y hacen de eso el sentido de sus vidas, con reglas y religiones que no son más que una simple creación humana.

El hombre, en la religión, además del sentido, encuentra la esperanza de estar bajo la tutela de este ser superior, un padre quizás, a quien puede acudir buscando ayuda ante los problemas, consuelo y apoyo incondicional y que le brinda respuestas a todo, y así no tiene que buscar más respuestas a aquellas preguntas que lo aquejan, ya que si se comenzara de cero por otro camino implicaría un gran trabajo y proceso de auto convencimiento en ese nuevo sendero, por lo que Dios vendría siendo la forma más rápida y sencilla de creer. Algo que está sobre nuestro entendimiento, pero que por alguna extraña razón nos aferramos a él casi ciegamente. Por lo que cabe preguntarse ¿Es el hombre creación de Dios o Dios creación del Hombre?

martes, 14 de abril de 2009

iniciando el blog!

hola todos!
tenemos que empezar a pensar en base a que tema trabajaremos!

se aceptan ideas!!!!!

saludos